De lo explícito y lo sugerido.

Hay muchas cosas explícitas en ‘Son of Saul’. Una de ellas es la mirada fúnebre del protagonista, un prisionero húngaro que trabaja en los hornos crematorios del campo de concentración de Auschwitz. Otra es el horror: gente anónima siendo empujada a las cámaras de gas o disparados antes de ser arrojados a una fosa.

Lo que apenas no se ven son los sets donde transcurre la acción ya que durante gran parte de la película el cuadro lo ocupa un primer plano del protagonista.

Ese precisamente es uno de los valores de la producción: el espacio no se explicita, sino que se sugiere, invitando al espectador a interpretarlo a la vez que lo hace partícipe de la atmósfera recreada. Y lo hace a partir de ver como el cuerpo humano, con su movimiento y miradas, interactúa con el espacio y lo define. También con el sonido de la arquitectura, que le anticipa en que tipo de lugar se encuentra.

La narrativa visual cinematográfica trata de lo que se muestra y cómo se muestra pero también de lo que se oculta. La ausencia es tan importante como la presencia y esto resulta en una de las complejidades más caprichosas del cine: el espectador no necesita ver todo porque comprende e interpreta lo que está viendo.

Os animo a ver esta valiente pieza desde ese punto de vista. 😉

Set de los hornos crematorios construido en un antiguo almacén a las afueras de Budapest.

Son of Saul (2015) – Dirigida por László Nemes y Diseño de Producción por László Rajk. Oscar a la mejor película de habla no Inglesa

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